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miércoles, 30 de enero de 2013

5° Lee para preparar tu exposición oral.


En la presentación hablada el oyente únicamente dispone de una oportunidad para entender lo que allí se expone; si algo no le queda claro no tiene la oportunidad de volver atrás.
Esta limitación obliga al estudiante a ser lo más claro posible: estructuras de las oraciones simples y vocabulario directo (depurado y preciso pero entendible por todos los presentes).
La claridad debe prevalecer en su exposición.
En una exposición oral no se deben transmitir muchos mensajes. Hay que centrarse en unas pocas ideas principales e incidir sobre ellas.
El estudiante debe conseguir captar la atención del público y para ello es fundamental que la exposición sea lo más amena posible, incorporando algún toque de humor, ayudándose de ejemplos y anécdotas, etc.
Debe cuidar la entonación, jugar con la modulación, evitar un tono monótono (típico error) que termina por aburrir a los presentes. Esto se puede ensayar grabando el discurso y escuchándolo.
El estudiante no se puede limitar a leer un texto (resultaría sumamente aburrido), además le impediría mantener un contacto visual con el público. Debe preparar su exposición de memoria y llevar un pequeño índice que le sirva de guía.
Tiene que ir perfectamente peinado, ropa planchada, zapatos limpios, etc. La imagen que se transmite es muy importante.
Debe cuidar sus gestos y movimientos: no sólo se comunica a través del lenguaje verbal sino también a través del lenguaje no verbal (posturas, movimientos, gestos, expresiones de la cara, etc.).
El mensaje que se transmite con el lenguaje no verbal puede ser a veces más potente que el que se transmite con palabras y en ocasiones pueden ser contradictorios.
Por ejemplo, decir "para mi resulta un placer poder presentar este trabajo" y al mismo tiempo transmitir una imagen de nerviosismo, ansiedad, incomodidad.
El lenguaje no verbal hay que ensañarlo en casa, delante de un espejo o de alguna persona de confianza, que le indique a uno donde falla, qué debe corregir.
El estudiante debe transmitir seguridad y para ello es fundamental una buena preparación. Una imagen de nerviosismo puede llevar a pensar que la exposición no está suficientemente preparada.
Los dos momentos principales de una presentación hablada son el principio y el final.
 Al principio el estudiante se juega el conseguir captar la atención del público (si no la capta entonces difícilmente lo va a hacer luego). En esta fase debe ser especialmente claro y comunicativo, generando entre el público "curiosidad" por lo que va a exponer.
Al final del discurso, en las conclusiones, debe recalcar las ideas principales que ha expuesto y los argumentos que las apoyan. Probablemente sea lo único que al final recuerde el público de toda la exposición.
La presentación gana mucho si se acompaña de apoyo visual (diapositivas, transparencias, pantalla del ordenador proyectada.). Transmite una imagen de profesionalidad y facilita la comunicación con el público.
Las transparencias deben ser ligeras, fáciles de leer, recogiendo pocas ideas importantes, con combinaciones de colores.
El estudiante no se debe limitar a leer el texto de las transparencias, debe utilizarlo de soporte pero desarrollando las ideas con sus propias palabras.
Durante los ensayos es importante medir la duración de la exposición para tratar de que se ajuste a la duración prevista (que no resulte ni demasiado larga ni demasiado corta).
Durante la exposición es conveniente colocar el reloj en algún lugar donde discretamente se pueda ver (sin tener que mirar su muñeca). Esto permitirá ir controlando que la exposición se va ajustando al tiempo previsto.
Cuando se realiza una exposición oral es conveniente ofrecer al público asistente la posibilidad de realizar preguntas al final de la exposición.
Transmite la impresión de que se domina el tema.
Las preguntas hay que contestarlas de forma precisa pero escueta, sin rodeos. Si una pregunta no se sabe contestar no pasa nada, simplemente habrá que indicar que en ese momento no se puede responder pero que se consultará y a la mayor brevedad se dará una respuesta. Lo que nunca se debe hacer es inventar la respuesta.
Más consejos • Explica en todo momento por qué pasas de un punto a otro, qué relación hay entre una idea y la siguiente (son las llamadas transiciones), sin ellas, el auditorio se pierde.
• Habla en un lenguaje claro, concreto y asequible. Pon ejemplos, cuenta historias pertinentes que sirvan como ejemplo de lo que quieres decir. “Lo que no se entiende, no se atiende”.
• Di lo que te gustaría que te dijeran, explica lo que te gustaría que te explicaran... Póngase en el lugar de los que tienen que escucharte.
• Evita las divagaciones y el relleno. Normalmente, los oradores poco expertos pierden mucho tiempo ofreciendo al principio informaciones irrelevantes o meras erudiciones, y luego, cuando llegan a la parte más interesante o práctica, se acaba el tiempo y se quedan a medias. Un truco: prepare tu ponencia y, una vez hecho esto, quita el primer tercio y comprométete con empezar desde ahí.
• Vocaliza bien pero habla bastante rápido. Si hablas despacio, la gente se pone a pensar en otra cosa. Evite la monotonía en la voz.
• Consigue que la gente se ría, o al menos sonría, en algún momento.
• No leas tu discurso.